
“Quise fotografiar nubes para descubrir qué es lo que había aprendido sobre la fotografía en cuarenta años. A través de las nubes, para establecer mi filosofía de vida, para demostrar que mis fotos no se debían al tema, ni a privilegios especiales: las nubes están allí para todos, todavía no hay impuestos sobre ellas: son gratuitas.”, afirmó Stieglitz.
Las ‘Equivalencias’ de Stieglitz, y los cuadros de Fernando Romero comparten la capacidad para deleitarnos a primera vista por la belleza de su forma, una forma abstraída de cualquier significación ilustrativa. En ambos, el espectador no deja de advertir por un solo instante qué es lo que se ha fotografiado o pintado, pero de inmediato se comprende que la forma que deleita al ojo es significativa. Ambos se apoderan de lo cotidiano y lo dotan de nuevos sentidos, de una significación especial, mediante el sello de una mirada.

Ecos que van desde lo meramente formal (horizonte bajo, el protagonismo de los amplios cielos, la ausencia de un foco particular) al gusto por los paisajes trascendidos que mantiene abierto el debate sobre los limites de la retórica de lo sublime, con el armonioso balance de masas, de luz y sombra, y el instante fugaz, eterno, como protagonistas.

“Ni la acción ni los actores pueden preverse, ni describirse por anticipado. Comienzan como una aventura desconocida en un espacio desconocido. Es en el momento de la consumación cuando, en un destello de reconocimiento, se ve que han adquirido el peso y la función que se pretendía. Las ideas y los planes que existían en la mente al comienzo eran simplemente la puerta de salida por la que uno abandona el mundo donde suceden.”
Si en su primera individual Silencios de tormenta se podían detectar formas de pintar próximas a Anselm Kiefer, su última producción está marcada por la impronta de Gerhard Richter. Con él comparte una base fotográfica sometida a un minucioso proceso de selección que convierte a la fotografía en un instrumento para corregir su propia forma de mirar. La fascinación por el paisaje, no sólo como representación ilusionista de la realidad, sino sobretodo como ficción. La pintura como el medio capaz de dar forma y poner al alcance algo no visual e incomprensible.
En su pintura Fernando Romero muestra instantes de tránsito, estados fugaces, flujos eternos, un tiempo a la fuga, el latido imperceptible del paisaje, el recuerdo imborrable de cuando nada sucede…

Texto de Ernesto Utrillas Valero para el catálogo Instantes fugaces de Fernando Romero, exposición que se ha podido ver en las salas de Ibercaja en Logroño (diciembre 2010-enero 2011) y Zaragoza (mayo-junio 2011)
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Ver catálogo.
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