sábado, 30 de noviembre de 2013

Secuencias en el espacio

En los últimos años Víctor Solanas Díaz (Tolosa, 1977) se ha dado a conocer a través de exposiciones y de su participación en numerosos concursos de pintura (ganando unos cuantos de ellos) con unos cuadros (¿?) construidos a base de cinta adhesiva de carácter industrial, primero con cintas de diversos colores y que, en sus últimos trabajos, se ha reducido a los básicos amarillo y negro de la cinta adhesiva de advertencia, la que se usa para señalar el peligro, y cuyos colores llaman a activar nuestra atención. En paralelo, el artista con el mismo material ha venido desarrollando un trabajo, menos conocido, de intervención en el espacio público, no en vano su proyecto fin de carrera El espacio supuesto exploraba “el soporte bidimensional como referencia objetual”. Tanto en unos y como en otros se evidencia su interés por explorar líneas de investigación creativa que proceden del Minimal art (el mismo uso de un material industrial de uso masivo con un fin artístico), y de la psicología de la percepción aplicada en las obras Op art.
El proyecto Four intermissions, planteado para la torre medieval de Albarracín, le ha permitido reflexionar sobre la esencia de su trabajo y transformar el fortificado espacio en un laboratorio de experimentación sobre el propio espacio expositivo. Aprovechando la división de la torre en una serie de salas superpuestas, el artista secuencia su intervención de una forma racional y muy calculada, y el espectador se ve avocado a reconsiderar constantemente lo que está viendo. En la planta de entrada, el conocedor de los cuadros sin pintura de Víctor puede creer que está ante una exposición convencional del artista con obra de la serie Neither. Structural choices
Si desciende a la planta subterránea, en la telúrica y rupestre sala, encontrará el origen de todo el trabajo del artista tolosano: un mínimo fragmento de cinta amarilla y negra, la semilla de todo; 
pero si asciende, se encontrará con que la cinta adhesiva a abandonado el cuadro (ha roto con él) y copa toda la pared de una esquina, invitando a sumergirse en una turbulenta melodía de ritmos cinéticos, en un juego óptico de múltiples visiones. 

Si sigue ascendiendo, en la siguiente planta la inmersión se desmorona, la ficción de la posibilidad de un espacio dinámico y fluctuante queda destrozada, y el artista le demuestra que todo había sido una construcción mental en la que el proceso forma parte esencial de la creación artística, que la intervención de Víctor Solanas ha comenzado a desmantelarse y que, el día 9 de diciembre, la Torre Blanca volverá a su ser. 
Por último, en la azotea el artista compone un damero secuenciado que pone en contacto la armonía de las estrellas, que desde ella se pueden contemplar, con los ritmos latentes que subyacen dentro de la mole de la torre. 

No en vano, Víctor Solanas estudió música, y toda su producción plástica se organiza a través de una infinita serie de secuencias rítmicas.

 Four intermissions, Torre Blanca, Albarracín. Hasta el 8 de diciembre.


Publicado en Artes&Letras, nº 446, p. 6, Heraldo de Aragón, 28 de noviembre de 2013.
                                              

No hay comentarios:

Publicar un comentario