viernes, 12 de marzo de 2010

En el comienzo de la pendiente

Ayer en Artes&Letras, del Heraldo de Aragón, el arquitecto Teófilo Martín publicaba el siguiente articulo sobre la arquitectura del Hotel Consolación en Monroyo.
“Casalicio abierto al paisaje.
Proyectos. El hotel Consolación de Monroyo, accésit del 'Ricardo Magdalena'
Poco a poco, silenciosamente la arquitectura se está mostrando cada vez más respetuosa con el paisaje. Arcadi Espada, arquitecto miembro del jurado en la última convocatoria de los prestigiosos premios FAD, señala: 'empieza a vislumbrarse hacia donde irá la arquitectura del futuro. Mas allá de la sostenibilidad del propio edificio, hay un cambio de filosofía en la manera de entender la arquitectura en relación con el paisaje, la huella que deje tendrá que ser más suave'.
En la última edición de los premios García Mercadal que convoca anualmente el colegio de arquitectos de Aragón, se otorgó el máximo galardón al pabellón de España del arquitecto Francisco Mangado. El resto de las obras galardonadas quedaron eclipsadas por la excepcionalidad del edificio ganador. Entre ellas, premiada con el accésit de rehabilitación figura el Hotel Consolación, situado en Monroyo, Teruel, de la arquitectas Estela Camprubi Arnat y Eugenia Santacana Verdet. El jurado destaca: “el sensible y cuidadoso tratamiento de los edificios existentes y sus ampliaciones espaciales”.
Esta obra es producto de la conjunción de un espacio natural de gran belleza, unos jóvenes y arriesgados empresarios y unas arquitectas de gran sensibilidad. Los empresarios buscaban un lugar para construir un hotel singular, lo encontraron en la comarca del Matarraña, en el lugar había una ermita original del siglo XIV, reconstruida en la primera mitad del siglo XVIII, con un casalicio anexo, un silencioso paisaje arbolado por encima de los 800 metros de altitud, y unas vistas excepcionales.
Las arquitectas decidieron reformar el casalicio para ubicar los espacios comunes del hotel y construir las habitaciones alejadas, de forma dispersa, respetando la naturaleza integrándolas en el paisaje, con el mínimo impacto visual sobre el paisaje y sobre los edificios existentes.
Las habitaciones “cubos” aparecen entre la vegetación como una cajas cuadradas y compactas, revestidas de pino cuperizado y abiertas al paisaje por una sola cara mediante un gran ventanal. La cuidadosa posición de las distintas habitaciones, en el comienzo de la pendiente, casi suspendidas, así como su distinta orientación mediante pequeños giros, acrecienta la sensación de disfrutar el paisaje en absoluta soledad. Cada habitación participa del espectáculo de la naturaleza como si fuera la única. En el interior un armario-cama en un lateral, un baño con ducha, una bañera a ras de suelo y una chimenea colgante. El mobiliario es fijo y forma parte de la arquitectura.
La reforma del casalicio consiste en recuperar la estructura original eliminando todas las paredes no estructurales para optimizar los espacios polivalentes e interconectados: la recepción es un bar durante la noche, la cocina un punto de encuentro.
La piscina de forma irregular se adapta a la topografía y se coloca en una plataforma inferior dominando el paisaje y obteniendo el máximo de privacidad. No hay valla ni cerramientos la continuidad entre arquitectura y paisaje es total, sin barreras.

 La integración de la arquitectura continúa con el respeto a la cultura y tradiciones del lugar: La ermita sigue abierta al pueblo y sus romerías, la cocina se abastece principalmente de productos locales... Sin duda, Teruel existe. Que ustedes lo disfruten.”, Teófilo Marco, Artes&Letras nº 289, p. 7, Heraldo de Aragón, 11 de marzo de 2010.

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